martes, 9 de junio de 2009

Adelante

martes, 9 de junio de 2009
Hoy fue un día de mucho aprendizaje. Aprendí sobre la vida de los grandes. Cuando sea grande quiero ser publicista. Crear, inventar sueños. No podría decir que fue un mal día pues tengo una sonrisa en los labios justo antes de dormir. Me di cuenta que la escuela y todos esos años en las aulas fueron experiencias maravillosas en ocasiones y fatales en otras, que al mundo laboral le importan poco. A mi me dejaron grandes amigos, buenos momentos y un montón de fotografías. Ya no volveré a sentarme en un pupitre y estoy en busca de un escritorio. En el camino de la vida no puedo evitar el preguntarme, ¿cuándo eres grande?

A pesar de todo lo vivido tengo un alma nueva. Quiero aprender a caminar por el mundo, a crecer y algún día ser grande. Evidentemente no soy un niño pero aun así me queda mucha inocencia. Me sorprende la capacidad que tengo de aprender. No hay maestros ni calificaciones. No hay respuestas correctas ni palomitas rojas en los aciertos. Hay experiencias, frustraciones y logros. La vida está llena errores y quizá sean ellos lo mejor que alguien pueda pedir. Las opciones y las decisiones se abren frente a mi. Confusión sin duda. Ahora es momento de experimentar. Voy tropezando sin control, me caigo y me levanta la motivación por crecer, por crear y por vivir. Me siento impaciente por el futuro. Quiero que todo suceda en un instante. No quiero saborear sino atragantarme pero ni modo, a pequeños mordiscos me acabaré el mundo en su momento. 

Vine al mundo para ser grande como todos. Para evolucionar en una vida tan corta que probablemente no será suficiente para todo lo que quiero hacer, pero no por eso pretendo dejar de intentar. Me encuentro cometiendo todos los errores posibles y quiero aprender a dar lo mejor de mi. A no fallar de la misma manera. Nunca pensé que la incertidumbre resultara tan divertida. Siempre tomé el camino seguro, aquel que me diera la certeza de ganar. Ahora me doy cuenta que quiero tomar el otro, arriesgarme a la frustración de que las cosas no salgan como esperaba y ver como improviso para salir del problema. Creo que los grandes son aquellos responsables de si mismos. Los que no se olvidan que se puede jugar a cualquier edad. Los que crecen con experiencias y no con años. Los que nunca se hacen viejos. Eres grande cuando tomas como jardín de juegos al mundo entero. 

La vida es un tiempo en el espacio que muere y renace constantemente. Los finales son inicios de ciclos espirales, uno te lleva al otro. Se mezclan y se separan por las circunstancias y uno sólo puede navegar agarrando fuerte el timón para no perder el rumbo. La brújula es el deseo, el deseo por llegar a las estrellas, por dibujar constelaciones. Quiero ser grande porque quiero vivir. Y sin darme cuenta estaré pronto caminando entre gigantes. De eso estoy seguro.

miércoles, 29 de abril de 2009

Chic Flick

miércoles, 29 de abril de 2009

Cuando pensamos en relaciones amorosas es inevitable recordar las imágenes de la pantalla grande. Han sido Hollywood o Disney los responsables de que el común denominador de la gente busque fantasías imposibles en realidades sentimentales. No digo que la magia proyectada en el cine no pueda vivirse o que existan historias reales que superen a la ficción, pero matener una relación cuesta mucho esfuerzo. La mayoría de los conflictos no se superan simplemente queriéndo o amando, no encontramos a los malos de la historia por la voz de una ardilla, ni habrá una tormenta tropical en nuestras vacaciones de verano que nos obligue a conocer el verdadero amor. No hay mucha gente dispuesta a hacer lo necesario para que la relación continúe, todos esperamos un cuento de hadas pero cuando las cosas se complican un poco apagamos la tele. No puedo evitar el preguntarme, cuando de relaciones se trata ¿cómo hacer que funcionen?

 

Es cierto, las relaciones amorosas son quizá las más difíciles de lograr. Por principio de cuentas encontrar a alguien que valga la pena es una labor ardua y lleva por lo general mucho tiempo. La parte más fácil es quizá enamorarse, el enamoramiento nos encanta. Los primeros meses, las primeras salidas, el primer beso y todo lo demás resulta genuinamente emocionante. Unas cuantas citas y descubres detalles de la otra personalidad que no te gustan y se acabó, una raya más al tigre. Si las cosas prosperan y el enamoramiento va dando paso al amor hay dos opciones, o sales corriendo muerto de pánico por el compromiso venidero o entras con todo a una nueva relación. Ambas opciones son válidas y deben ser consideradas dependiendo de las disposición personal. Si no estás listo para una nueva relación, ni le muevas. No tiene sentido perder el tiempo y lastimar a alguien. Si por el contrario tienes la certeza de querer vivir en dos, entonces éntrale con todo. No hay miedos ni rencores pasados.

 

Sigues conociendo a la persona, adaptando tu vida y tus necesidades a su vida y sus carencias. ¿Qué hacer entonces? No te detengas, saca tu verdadera personalidad desde el principio. Así después no habrá tantos malos entendidos. Pretender que sus manías no te molestan sólo hará que el recurrimiento a las mismas te parezca insoportable y viceversa. Habla las cosas, negocia. Si no existe una comunicación real y sincera entre ambos la relación será insportable y muy probablemente muy corta. Después de un tiempo razonable y en acuerdo por ambos, llega el momento de conocer a los amigos. Si les cae bien y se llevan a toda madre, qué gusto. Si por el contrario todos juran que tu pareja es un hongo, ostra, mueble o sencillamente insoportable, sigue intentando. No hagas caso a lo que todos te digan, si estás con alguien es por que tu así lo decidiste. Nunca le vas a dar gusto a toda la gente, el punto es ser feliz con quien lo decidas. Si las amistades son verdaderas permanecen y hacen su mejor intento. Busca razones para enamorarte. Ese famoso bolero que dice “yo para querer, no necesito una razón, me sobra mucho, pero mucho, corazón” miente. Para que todo funcione debes estar por completo seguro y convencido de que estás enamorado. Encuentra esos detalles, esos momentos, esas razones por las cuales compartir tu vida, tu tiempo y tu corazón con esa persona en específico vale la pena.

 

Los problemas y conflictos cotidianos se irán resolviendo poco a poco. Sin embargo, habrá momentos cruciales en los que la incertidumbre y la confusión tomarán tus pensamientos por sorpresa. Si algo muy desagradable se presenta al punto de hacerte querer mandar todo al diablo, piénsalo bien. No se vale tronar y regresar cada fin de semana. Evalúa tu relación de la forma más fría posible. Dale oportunidad a la lógica, al sentimiento y a la contraparte de exponer sus puntos. Es cuestión de dos. Si has sido el culpable, pide disculpas, olvídate del orgullo y trata de enmendar el error. Si por el contrario, tu no has hecho nada malo, no te pongas en plan de víctima ni verdúgo. Una relación no es un juicio donde expongas y castigues al agresor sino un ambiente abierto al diálogo. Si logran superarlo es muy posible que la relación se vuelva mucho más fuerte, pero ojo, si el comportamiento se repite y no se corrige, cuidado. Puedes estar sacrificando más de ti de lo que valdría la pena.

 

Ahora sí, es tiempo de la fantasía. Se creativo en demostrar lo que sientes. Has de cada día una experiencia. Estoy seguro que cuando se acaba el romance, cuando dejas de enamorar al otro, es cuando ya no vale la pena. Así que yo digo, actúa tus partes favoritas de las películas, inventa, improvisa y déjate llevar por el momento. No olvides la pasión y la aventura. Enamórate perdidamente y pierde el aliento. No hay nada mejor que caer en el amor si alguien está ahí para cacharte. Quién sabe, quizá de la manera más inimaginable, serás el protagonista de la mejor película. Una filmada en tiempo real y sin guión.

martes, 14 de abril de 2009

De la voz

martes, 14 de abril de 2009
De la nostalgia han nacido muchos pensamientos que llenan mi cabeza últimamente. Me siento muy libre, tan libre como cuando corría por el jardín de mi casa a los seis años. La vida sin duda en la niñez es mucho más simple. Los niños creen en fantasías, juegan con lo que sea y sobre todo dicen la verdad compulsivamente. Mientras vamos creciendo encapsulamos los pensamientos y los sentimientos. Nos transformamos de transparentes a opacos quizá sin intención pero como sea articular aquello que nos mueve se vuelve muy complejo. Definitivamente sentimos y pensamos pero no expresamos, no lloramos cuando algo nos duele ni reímos sin parar por tonterías. Vivimos estoicos e inexpresivos, sin embargo hay un niño muy adentro que siente de la misma forma y con la misma intensidad por siempre. El miedo al rechazo, a la burla y al dolor nos impide seguir inocentes. Ocultamos con máscaras y eufemismos nuestras verdaderas intenciones y en el proceso perdemos la espontaneidad y la sencillez. Peleamos por la libertad de expresión pero dejamos pasar momentos clave para hacerlo. No puedo evitar el preguntarme ¿si la vida es tiempo limitado, por qué lo perdemos callando? 

Si bien es cierto que decir la verdad sin procesarla puede resultar caótico, también es cierto que no expresarnos causa una frustración extrema. Decir te amo, me duele, tengo miedo es volvernos vulnerables ante lo desconocido. Las reacciones de los demás involucrados nos paralizan. Mientras más sabe alguien de ti más daño puede hacerte pero eso no quiere decir que manteniendo todo en silencio no saldrás lastimado. A veces necesitas admitir lo que sientes para vivirlo. Cuando exponemos los secretos frente alguien más nos damos cuenta que en realidad no eran tan graves como para mantenerlos ocultos. Lo mismo pasa con los sentimientos inexpresados, cuando salen a la luz podemos cogerlos por completo o superarlos pero como sea dejan de atormentarnos. Para que una relación de cualquier índole funcione es necesario decirlo todo conforme va surgiendo. Guardarlo para después o mantenerlo en la oscuridad sólo causa duda en el otro y tortura autoinfringida. Pero, ¿cuál es la causa del silencio? ¿por qué no decir las cosas en su momento? Las razones varían de acuerdo a la circunstancia pero lo más común es el miedo. El miedo a la reacción, a herir al otro, a exponer nuestra verdadera personalidad. No cabe duda, las palabras son una herramienta de consuelo y de tortura, son la forma más habitual de conocer y proyectar. Parecen un simple conjunto de letras pero llevan consigo mucho más. Llevan de la mano la liberación del espíritu. Expresar lo que eres te hará vivir sin cargas innecesarias. 

Así que yo digo, ¡grita! habla con el corazón y expresa lo que sientes en el momento preciso. Escucha con atención y vive libre de secretos. No pasa nada, di lo que sientes y piensas como lo hacías en el kinder. Habla y exprésate como lo sientas, no tengas miedo a lo que pase después sino a perder lo que quieres por no pedirlo. Lo que piensas y sientes vale la pena y merece ser escuchado. Después de todo los héroes nacen cuando exponen lo que son al mundo así que demuestra lo que eres y se coherente con lo que dices. Habla, lo que sientes y piensas puede ser justo lo que alguien necesita escuchar. 

martes, 7 de abril de 2009

Inconsecuente

martes, 7 de abril de 2009
Siempre he pensado que tengo un alma aventurera con una mente demasiado racional. La combinación de los factores me vuelve muy obsesivo pues vivo circulando ideas que no siempre realizo, ya que mientras lo pienso el momento pasa. Sin embargo creo que algo en mí está cambiando, el miedo por las consecuencias de mis actos se evapora y me vuelvo más creyente del destino. No creo que el destino sea un camino determinado hacia un fin obligado, sino mas bien un afortunado encuentro con las oportunidades que nos corresponden. La elección de tomarlas o no esculpe nuestra historia, por lo que no puedo evitar el preguntarme ¿el destino es la consecuencia de la vida?

Las enseñanzas más comunes redundan en lo debido, lo correcto, lo políticamente apropiado, pero aquellas que genuinamente nos marcan son las que adoptamos como nuestras después de romper esquemas y abrirnos a las posibilidades. Pensamos lo que va a suceder cuando deberíamos estar disfrutando lo que está pasando. Las consecuencias son inevitables pero no inmediatas, lo inmediato es lo que marca el segundero del reloj. Disfrutar la vida resulta muy sencillo cuando te dejas llevar por el momento. La responsabilidad se define al ser capaz de dar respuesta por tus actos y no hay mejor respuesta que "lo hice porque fue lo mejor para mí". Si no eres un sociópata o delincuente y genuinamente lo crees como cierto habrá pocos argumentos que puedan borrarte la sonrisa. Enredarte en busca de respuestas por algo que aún no sucede sólo te nubla la mente y acabas seco de ideas y vacío de buenos momentos. El destino tiene su irónica manera de resolver los conflictos. Los límites de la vida, al contrario de los límites matemáticos, no tienen una fórmula definida para encontrarlos. Lo único que puedes hacer es uso del método empírico y experimentar de acuerdo a tu naturaleza. ¡Deja de analizar y vive! Sabrás cual es la respuesta correcta en el momento adecuado. 

La sociedad tiende a etiquetarlo todo. Naco, gay, puta, loco, idiota, brillante y la peor de todas pero la más común: normal. ¿Qué carajos es normal? ¿Quién lo decide? No juzgo a aquellos individuos que se definen como "normales" pero en serio me preocupan. Son ellos los que nos enseñan la temible angustia por las consecuencias. Son los que frenan el flujo de la historia y terminan siendo un obstáculo para la creatividad. Las consecuencias son una reacción, imposible sin acción, así que antes de preocuparte por las consecuencias actúa y, bien dicho sea de paso, disfruta. En cuanto al destino se refiere, aprovecha las oportunidades como se vayan presentando y adecúalas a tu plan de vida. No hay peor arrepentimiento que el que surge por lo que no hiciste. Por mi parte estoy cansado del estrés por el futuro y estoy decidido a vivir sin temor a que me hieran. Después de todo si hay algo que nunca he sido es normal. Viviré mi aventura, seré fiel a lo que siento y no dejaré que el miedo me paralice. Estoy seguro de que el mar tiene la capacidad de llevarse todo aquello que duele y limpiar el alma para re inventarte y volver a empezar. Pero si no puedes ir al mar, usa la regadera, la tina o la manguera y límpiate. Filtra tu espíritu de consecuencias y déjate llevar por el destino. Bien dice el dicho "lo bailado nadie te lo quita". 

martes, 24 de marzo de 2009

De magia y otros cuentos

martes, 24 de marzo de 2009
“Caminante no hay camino se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” Es una pequeña parte de una de mis canciones favoritas. Estamos tan acostumbrados a vivir la vida que a veces se nos olvida su inminente final. No viviremos para siempre y debemos darnos cuenta que cada decisión que tomamos va forjando nuestra trascendencia. Vamos haciendo un camino que con suerte, valdrá la pena recordar. Cuando estamos frente a una pantalla de cine creemos que la ficción reflejada existe sólo en la mente de los guionistas. Envidiamos las míticas historias de los grandes héroes, o los fantásticos romances eternos de los famosos chic flicks. De lo que no nos damos cuenta es que la realidad inspira los largometrajes y que somos capaces de vivir la magia del cine en nuestra vida diaria. No puedo evitar el preguntarme ¿la realidad siempre supera a la ficción?

Es cierto que las películas no están hechas en tiempo real y que en ocasiones presentan situaciones demasiado imposibles como para ser imitadas pero, como sea, en la vida diaria hay toques de magia que pasan desapercibidos si no prestamos atención. Se nos olvida que todos somos capaces de realizar grandes hazañas. Lo que muestran las pantallas son simplemente hombres o mujeres, que de ser reales, serían atrevidos. Atrevidos a ser diferentes y expresarse de maneras peculiares. Siempre lo digo porque es cierto, la vida es lo que haces con ella. Si decides ser ordinario y vivir un clásico “sueño americano” no pasa nada. Pero para mi no es suficiente. Necesito magia, y la mejor definición que he escuchado para ésta controversial palabra me la dio un profesor de la carrera y dice: “Magia es la dimensión donde el espíritu domina lo material”. Hombre, ¡qué bonito! ¿No? La capacidad del espíritu, siendo este nuestra propia esencia, de subordinar la materia va mucho más allá de un sombrero de copa y una varita mágica. Habla de nuestra capacidad de sentir y pensar con tal convicción que todo lo externo se ve obligado a cambiar. Volviendo los besos hechicería y las sonrisas encantos. Somos inspiración en potencia.

El camino y sus circunstancias están fuera de nuestro control pero eso no quiere decir que tengamos que doblar las manos frente al destino. Entonces, ¿por qué entramos en pánico en tiempos adversos?, ¿por qué vivimos haciendo planes para un futuro incierto en lugar de disfrutar el momento? Vivir en perpetua angustia no es vivir. Lo que hace ejemplares a las grandes historias que habitan en Blockbuster es, en efecto, el desenlace después del clímax y el clímax en sí es una complicación. Por lo tanto las decisiones que tomas día con día se vuelven los ladrillos que construyen la persona que eres. Con las malas decisiones se construyen las murallas que nos separan del objetivo, pero también en ocasiones especiales, las mejores enseñanzas. De las buenas decisiones está hecho el camino de nuestra realización. Por supuesto lleva mucho más tiempo, accidentes, recortes en el presupuesto y muchas, muchas murallas superadas. Siempre he creído que tengo un alma antigua y quizá por eso me exijo tomar mejores decisiones de las que me permiten mis años. El punto no es vivir en arrepentimiento por las malas elecciones sino vivir hoy lo que siento, pienso y por lo tanto decido y obligar a la magia a aparecer. A que nuestro espíritu prevalezca y adquiera experiencia dominando al mundo material. La magia está presente todo el tiempo. En esas ocasiones cuando sientes algo tan fuerte que no cabe en tu cuerpo, cuando lloras sin sentido, cuando ríes a carcajadas, cuando tienes el peor día de tu vida y algo pasa para volverlo la mejor experiencia. Ahí está la magia, en tu propio espíritu al nunca darte por vencido.

Así que yo digo, busca héroes, hechiceros, brujas, princesas y duendes con quienes filmar tu película. Se creativo para demostrar lo que sientes. Ríete de los problemas y toma las cosas a la ligera pero con responsabilidad. Vive el presente con todas las ganas y crea ficción con realidad. Después de todo de lo único que puedes estar seguro en la vida es que no saldrás vivo de ella. Así que con magia y decisiones construye un pasado que te enorgullezca, vive un presente que te satisfaga y sueña en un futuro en tus ratos libres.

martes, 17 de marzo de 2009

Malos hábitos

martes, 17 de marzo de 2009

Creo que la gente no está consciente de las consecuencias de una mala relación. Cabe mencionar que este fin de semana tuve que salir escoltado de un departamento por la policía a raíz de un arranque de celos que salió de control. ¡Habráse visto! Lo peor del caso es que la mujer provocadora del problema se sentía feliz e importante por la golpiza organizada en su honor. El pensar que alguien se agarra a golpes por mi, además de ser increiblemente narcisita, es increiblemente estúpido. Sobre todo si el individuo en cuestión te ha demostrado que fuera de la cama no le importas. No puedo evitar el preguntárme, cuando de relaciones se trata ¿cómo saber cuando es suficiente?

 

Alguna vez escuche que el amor se mide en dolor, cuanto estás dispuesto a aguantar por alguien es cuanto lo quieres. Me parece una premisa muy válida y en efecto verdadera. El dolor que aguantamos por la gente que amamos es sin duda clave para definir la magnitud del sentimiento. Una madre es capaz de aguantar pianos por un hijo, pero cuando la relación no es consanguínea ¿cómo saber que vale la pena el dolor que estamos dispuestos a soportar? Una relación sado masoquista no necesita de dos. Uno mismo puede ser el sádico y el masoquista, y muchas veces actuamos de tal manera por la falsa ilusión de que algún día todo habrá valido la pena. Nos azotamos pensando “me quiere” y abrazamos el dolor del rechazo. Puede el mundo decirnos que estamos equivocados pero no importa. Nadie lo sabe ¡pero me ama! Volvemos gestos básicos de cortesía grandes actos de amor y justificamos cualquier cantidad de groserías bajo excusas como “ha tenido un mal día” o “no era personal”. Es tanta la necesidad de afecto que no nos damos cuenta que es más grande el daño que el beneficio. Estoy seguro que es mejor estar solo que mal acompañado pero la gente insiste en basar su felicidad en tener una pareja y por ende, permite violaciones emocionales –y en ocasiones físicas—con tal de no estar solo. Si pensamos que estadísticamente es imposible que todos los habitantes del planteta vivan en par, la compra de pánico sería inevitable. Sin embargo, si cada quien tuviera un plan de vida personal y buscara su satisfacción fuera del núcleo de pareja quizá habría más gente exitosa en el mundo y menos depresivos el 14 de febrero.

 

Como sea, para saber cuando ha sido suficiente es necesario pensar con la cabeza fría y matar la vaga esperanza de que algo mágico puede suceder. Aceptar que has hecho todo lo posible por una relación y, con mucha voluntad, dejar ir. No se vale que alguien juegue contigo. No se vale que te usen como juguete sexual. Las relaciones casuales pueden ser increíblemente divertidas siempre y cuando ambas partes estén bajo las mismas circuntancias. El amor no es una tortura ni debe vivirse como una condena. Si no es correspondido ni modo, no era para ti. El vivir cegados a la realidad ocasiona daños que a veces, ni la terapía puede remediar. Culpamos al otro como si en verdad fueramos víctimas de su desprecio cuando en realidad buscamos el desprecio para saber que al menos siente algo hacia nosotros. No somos vícitimas sino bufones. Bufones dispuestos a la vergüenza pública por el aplauso de un rey que no sabe ni su nombre. En realidad, somos nosotros los culpables, somos nostros los inquisidores. Somos nosotros los idiotas dispuestos a querer a alguien más por encima de nuestra propia salud mental. No es amor sino capricho lo que nos obliga a permanecer en circunstancias adversas cuando el premio no vale ni la inversión inicial.

 

Así que yo digo, valórate y busca alguien que merezca tu afecto y total entrega. Piensa que la gente que te quiere es la que está contigo un domingo de cruda. No veas señales de humo cuando no existe un fuego que las provoque. Entérate que vales la pena por quien eres con la ropa puesta. No finjas que no sabes lo que te hace daño y no te conformes con un te amo lleno de alcohol y mentira. Decir basta no es cerrarte a la posibilidad de encontrar el amor sino darte tu lugar en la fila de espera. Busca tu satisfacción y comparte tu vida con alguien dispuesto a vivirla contigo. Después de todo, contra todo pronóstico, la tormenta pasa y reconstruimos lo perdido para volver a empezar. 

martes, 10 de marzo de 2009

Sexperimenta

martes, 10 de marzo de 2009

Hay cualquier cantidad de tabúes acerca del acto sexual. Las connotaciones que nos enseñan desde pequeños son negativas y sucias. Sin embargo, el sexo nos acerca más a alguien, y fuera de otra cosa, nos acerca a la vida o al menos, a sentirnos vivos. El sexo puede ser un deporte o la mejor manera de demostrar amor pero como quiera que sea, nunca puede ser sólo sexo. Explorar y conocer nuestra sexualidad es una forma básica de conocer lo que somos. Bien dicen que la gente es en la cama como es en la vida. Por lo tanto, no puedo evitar el preguntarme ¿hacer el amor es forjar la vida?

 

La vida y sus actividades están repletas de sexo. De acuerdo con Freud todo se relaciona con el sexo. La experimentación se ha vuelto mucho más fácil, conseguir a alguien dispuesto a ser kinky resulta sencillo con la actitud y la retórica correcta. Entonces, ¿por qué una vida sexual activa es tan socialmente condenada? Seas hombre o mujer el tener múltiples parejas en la intimidad se vuelve un chisme en la plática de lenguas envidiosas.  Es entonces donde el sexo se vuelve un secreto a voces. La vulnerabilidad con la que nos presentamos en el momento del encuentro es un reflejo del alma. Estamos expuestos a la crítica de ojos muy atentos. Quizá por sentimiento o por mera atracción llegamos a la cama con alguien y vamos descubriendo con novedad o previo conocimiento los puntos más sensibles de otra persona. La conexión instantánea revela la química favorable o una mala reacción, pero como sea existe un vínculo que nos hace sentir la fusión de cuerpos y eso se vuelve parte de nuestra historia. Es precisamente nuestra historia la que define nuestra sexualidad y la forma de compartirla. Las enseñanzas de la niñez y las pruebas de la adolescencia van formando nuestra personalidad sexual. Quiénes somos y qué hacemos es un reflejo directo de nuestra historia y por lo tanto de nuestra sexualidad. La decisión de acostarse con alguien va resultando mucho más simple con la experiencia, pero hay un problema. Mientras más experimentas más complicado se vuelve definir los gustos verdaderos y libres de culpa.

 

El sexo y sus diversas actividades siempre llevan intrínseco el placer -a excepción de algunas ocasiones fatales-. Ni los deportes extremos logran hacernos sentir tan vivos como un buen orgasmo. La cercanía, el calor y la intimidad con alguien revelan un arrebato de vida. El corazón late más fuerte, la respiración se agita y el cuerpo responde ante otro. Pero cuando todo termina y la sobriedad regresa en la mente afloran cualquier cantidad de ideas. Puedes sentirte completamente satisfecho, terriblemente solo o asquerosamente culpable. Es aquí donde el sexo se vuelve un misterio. Si el sexo fuera deporte me queda claro que todos seríamos atletas de alto rendimiento. Si tuviera un fin único de procreación muy probablemente habría menos habitantes en el planeta. Pero es mucho más, es una combinación de entrega y egoísmo. Lo hago por mi placer pero estoy dando todo de mi. La forma en la que nos acerca con alguien es inexplicable. Las barreras se caen y la fusión es inevitable.

 

El sexo y su presencia en nuestra historia define mucho de la forma en la que nos ven los demás. Ser gay, ser puta, ser célibe se vuelve una etiqueta y un estereotipo. Pero sea cual sea la forma en la que la vivimos, nuestra sexualidad permea al resto de las áreas de nuestra personalidad. El afecto y la conexión que logramos a través del sexo va formando relaciones que nos marcan para siempre. Fuera de todo tabú, el sexo es una mítica forma de expresarnos y la mejor forma de compartirnos. El simple hecho de tocar a alguien más, de sentir como replica ante nosotros es conocer a alguien en lo más íntimo que tiene. Dejar afuera los limitantes y entregarte al momento nos da la posibilidad de experimentar todo lo que somos capaces de ser: dulces, inocentes, violentos, locos o salvajes.

 

No estoy alabando la promiscuidad pero no condeno la experimentación. Vivimos llenos de ideas negativas y torturantes que amenazan el placer sexual. Así que yo digo, quiere tu cuerpo y comparte sus posibilidades. No te limites por las buenas costumbres ni permitas que alguien te haga sentir mal por lo que haces en la cama. Conócete y descubre qué te hace sentir bien contigo y los límites que te protegen del atisbo. Guarda lo que eres para la persona indicada pero no te sientas culpable por un buen acostón casual. Diviértete y se libre. No podrás estar más cerca de alguien que desnudo cuerpo a cuerpo. Vive tu sexualidad responsablemente pero no te conduzcas por los regímenes sociales. Cuando en verdad logres hacer el amor, no te detengas, muerde, rasguña y grita. Después de todo cuando se cae la ropa, se caen los muros que te separan, se van los miedos y tenemos la maravillosa posibilidad de vivir en alguien más.