martes, 9 de junio de 2009
Adelante
miércoles, 29 de abril de 2009
Chic Flick
Cuando pensamos en relaciones amorosas es inevitable recordar las imágenes de la pantalla grande. Han sido Hollywood o Disney los responsables de que el común denominador de la gente busque fantasías imposibles en realidades sentimentales. No digo que la magia proyectada en el cine no pueda vivirse o que existan historias reales que superen a la ficción, pero matener una relación cuesta mucho esfuerzo. La mayoría de los conflictos no se superan simplemente queriéndo o amando, no encontramos a los malos de la historia por la voz de una ardilla, ni habrá una tormenta tropical en nuestras vacaciones de verano que nos obligue a conocer el verdadero amor. No hay mucha gente dispuesta a hacer lo necesario para que la relación continúe, todos esperamos un cuento de hadas pero cuando las cosas se complican un poco apagamos la tele. No puedo evitar el preguntarme, cuando de relaciones se trata ¿cómo hacer que funcionen?
Es cierto, las relaciones amorosas son quizá las más difíciles de lograr. Por principio de cuentas encontrar a alguien que valga la pena es una labor ardua y lleva por lo general mucho tiempo. La parte más fácil es quizá enamorarse, el enamoramiento nos encanta. Los primeros meses, las primeras salidas, el primer beso y todo lo demás resulta genuinamente emocionante. Unas cuantas citas y descubres detalles de la otra personalidad que no te gustan y se acabó, una raya más al tigre. Si las cosas prosperan y el enamoramiento va dando paso al amor hay dos opciones, o sales corriendo muerto de pánico por el compromiso venidero o entras con todo a una nueva relación. Ambas opciones son válidas y deben ser consideradas dependiendo de las disposición personal. Si no estás listo para una nueva relación, ni le muevas. No tiene sentido perder el tiempo y lastimar a alguien. Si por el contrario tienes la certeza de querer vivir en dos, entonces éntrale con todo. No hay miedos ni rencores pasados.
Sigues conociendo a la persona, adaptando tu vida y tus necesidades a su vida y sus carencias. ¿Qué hacer entonces? No te detengas, saca tu verdadera personalidad desde el principio. Así después no habrá tantos malos entendidos. Pretender que sus manías no te molestan sólo hará que el recurrimiento a las mismas te parezca insoportable y viceversa. Habla las cosas, negocia. Si no existe una comunicación real y sincera entre ambos la relación será insportable y muy probablemente muy corta. Después de un tiempo razonable y en acuerdo por ambos, llega el momento de conocer a los amigos. Si les cae bien y se llevan a toda madre, qué gusto. Si por el contrario todos juran que tu pareja es un hongo, ostra, mueble o sencillamente insoportable, sigue intentando. No hagas caso a lo que todos te digan, si estás con alguien es por que tu así lo decidiste. Nunca le vas a dar gusto a toda la gente, el punto es ser feliz con quien lo decidas. Si las amistades son verdaderas permanecen y hacen su mejor intento. Busca razones para enamorarte. Ese famoso bolero que dice “yo para querer, no necesito una razón, me sobra mucho, pero mucho, corazón” miente. Para que todo funcione debes estar por completo seguro y convencido de que estás enamorado. Encuentra esos detalles, esos momentos, esas razones por las cuales compartir tu vida, tu tiempo y tu corazón con esa persona en específico vale la pena.
Los problemas y conflictos cotidianos se irán resolviendo poco a poco. Sin embargo, habrá momentos cruciales en los que la incertidumbre y la confusión tomarán tus pensamientos por sorpresa. Si algo muy desagradable se presenta al punto de hacerte querer mandar todo al diablo, piénsalo bien. No se vale tronar y regresar cada fin de semana. Evalúa tu relación de la forma más fría posible. Dale oportunidad a la lógica, al sentimiento y a la contraparte de exponer sus puntos. Es cuestión de dos. Si has sido el culpable, pide disculpas, olvídate del orgullo y trata de enmendar el error. Si por el contrario, tu no has hecho nada malo, no te pongas en plan de víctima ni verdúgo. Una relación no es un juicio donde expongas y castigues al agresor sino un ambiente abierto al diálogo. Si logran superarlo es muy posible que la relación se vuelva mucho más fuerte, pero ojo, si el comportamiento se repite y no se corrige, cuidado. Puedes estar sacrificando más de ti de lo que valdría la pena.
Ahora sí, es tiempo de la fantasía. Se creativo en demostrar lo que sientes. Has de cada día una experiencia. Estoy seguro que cuando se acaba el romance, cuando dejas de enamorar al otro, es cuando ya no vale la pena. Así que yo digo, actúa tus partes favoritas de las películas, inventa, improvisa y déjate llevar por el momento. No olvides la pasión y la aventura. Enamórate perdidamente y pierde el aliento. No hay nada mejor que caer en el amor si alguien está ahí para cacharte. Quién sabe, quizá de la manera más inimaginable, serás el protagonista de la mejor película. Una filmada en tiempo real y sin guión.
martes, 14 de abril de 2009
De la voz
martes, 7 de abril de 2009
Inconsecuente
martes, 24 de marzo de 2009
De magia y otros cuentos
Es cierto que las películas no están hechas en tiempo real y que en ocasiones presentan situaciones demasiado imposibles como para ser imitadas pero, como sea, en la vida diaria hay toques de magia que pasan desapercibidos si no prestamos atención. Se nos olvida que todos somos capaces de realizar grandes hazañas. Lo que muestran las pantallas son simplemente hombres o mujeres, que de ser reales, serían atrevidos. Atrevidos a ser diferentes y expresarse de maneras peculiares. Siempre lo digo porque es cierto, la vida es lo que haces con ella. Si decides ser ordinario y vivir un clásico “sueño americano” no pasa nada. Pero para mi no es suficiente. Necesito magia, y la mejor definición que he escuchado para ésta controversial palabra me la dio un profesor de la carrera y dice: “Magia es la dimensión donde el espíritu domina lo material”. Hombre, ¡qué bonito! ¿No? La capacidad del espíritu, siendo este nuestra propia esencia, de subordinar la materia va mucho más allá de un sombrero de copa y una varita mágica. Habla de nuestra capacidad de sentir y pensar con tal convicción que todo lo externo se ve obligado a cambiar. Volviendo los besos hechicería y las sonrisas encantos. Somos inspiración en potencia.
El camino y sus circunstancias están fuera de nuestro control pero eso no quiere decir que tengamos que doblar las manos frente al destino. Entonces, ¿por qué entramos en pánico en tiempos adversos?, ¿por qué vivimos haciendo planes para un futuro incierto en lugar de disfrutar el momento? Vivir en perpetua angustia no es vivir. Lo que hace ejemplares a las grandes historias que habitan en Blockbuster es, en efecto, el desenlace después del clímax y el clímax en sí es una complicación. Por lo tanto las decisiones que tomas día con día se vuelven los ladrillos que construyen la persona que eres. Con las malas decisiones se construyen las murallas que nos separan del objetivo, pero también en ocasiones especiales, las mejores enseñanzas. De las buenas decisiones está hecho el camino de nuestra realización. Por supuesto lleva mucho más tiempo, accidentes, recortes en el presupuesto y muchas, muchas murallas superadas. Siempre he creído que tengo un alma antigua y quizá por eso me exijo tomar mejores decisiones de las que me permiten mis años. El punto no es vivir en arrepentimiento por las malas elecciones sino vivir hoy lo que siento, pienso y por lo tanto decido y obligar a la magia a aparecer. A que nuestro espíritu prevalezca y adquiera experiencia dominando al mundo material. La magia está presente todo el tiempo. En esas ocasiones cuando sientes algo tan fuerte que no cabe en tu cuerpo, cuando lloras sin sentido, cuando ríes a carcajadas, cuando tienes el peor día de tu vida y algo pasa para volverlo la mejor experiencia. Ahí está la magia, en tu propio espíritu al nunca darte por vencido.
Así que yo digo, busca héroes, hechiceros, brujas, princesas y duendes con quienes filmar tu película. Se creativo para demostrar lo que sientes. Ríete de los problemas y toma las cosas a la ligera pero con responsabilidad. Vive el presente con todas las ganas y crea ficción con realidad. Después de todo de lo único que puedes estar seguro en la vida es que no saldrás vivo de ella. Así que con magia y decisiones construye un pasado que te enorgullezca, vive un presente que te satisfaga y sueña en un futuro en tus ratos libres.
martes, 17 de marzo de 2009
Malos hábitos
Creo que la gente no está consciente de las consecuencias de una mala relación. Cabe mencionar que este fin de semana tuve que salir escoltado de un departamento por la policía a raíz de un arranque de celos que salió de control. ¡Habráse visto! Lo peor del caso es que la mujer provocadora del problema se sentía feliz e importante por la golpiza organizada en su honor. El pensar que alguien se agarra a golpes por mi, además de ser increiblemente narcisita, es increiblemente estúpido. Sobre todo si el individuo en cuestión te ha demostrado que fuera de la cama no le importas. No puedo evitar el preguntárme, cuando de relaciones se trata ¿cómo saber cuando es suficiente?
Alguna vez escuche que el amor se mide en dolor, cuanto estás dispuesto a aguantar por alguien es cuanto lo quieres. Me parece una premisa muy válida y en efecto verdadera. El dolor que aguantamos por la gente que amamos es sin duda clave para definir la magnitud del sentimiento. Una madre es capaz de aguantar pianos por un hijo, pero cuando la relación no es consanguínea ¿cómo saber que vale la pena el dolor que estamos dispuestos a soportar? Una relación sado masoquista no necesita de dos. Uno mismo puede ser el sádico y el masoquista, y muchas veces actuamos de tal manera por la falsa ilusión de que algún día todo habrá valido la pena. Nos azotamos pensando “me quiere” y abrazamos el dolor del rechazo. Puede el mundo decirnos que estamos equivocados pero no importa. Nadie lo sabe ¡pero me ama! Volvemos gestos básicos de cortesía grandes actos de amor y justificamos cualquier cantidad de groserías bajo excusas como “ha tenido un mal día” o “no era personal”. Es tanta la necesidad de afecto que no nos damos cuenta que es más grande el daño que el beneficio. Estoy seguro que es mejor estar solo que mal acompañado pero la gente insiste en basar su felicidad en tener una pareja y por ende, permite violaciones emocionales –y en ocasiones físicas—con tal de no estar solo. Si pensamos que estadísticamente es imposible que todos los habitantes del planteta vivan en par, la compra de pánico sería inevitable. Sin embargo, si cada quien tuviera un plan de vida personal y buscara su satisfacción fuera del núcleo de pareja quizá habría más gente exitosa en el mundo y menos depresivos el 14 de febrero.
Como sea, para saber cuando ha sido suficiente es necesario pensar con la cabeza fría y matar la vaga esperanza de que algo mágico puede suceder. Aceptar que has hecho todo lo posible por una relación y, con mucha voluntad, dejar ir. No se vale que alguien juegue contigo. No se vale que te usen como juguete sexual. Las relaciones casuales pueden ser increíblemente divertidas siempre y cuando ambas partes estén bajo las mismas circuntancias. El amor no es una tortura ni debe vivirse como una condena. Si no es correspondido ni modo, no era para ti. El vivir cegados a la realidad ocasiona daños que a veces, ni la terapía puede remediar. Culpamos al otro como si en verdad fueramos víctimas de su desprecio cuando en realidad buscamos el desprecio para saber que al menos siente algo hacia nosotros. No somos vícitimas sino bufones. Bufones dispuestos a la vergüenza pública por el aplauso de un rey que no sabe ni su nombre. En realidad, somos nosotros los culpables, somos nostros los inquisidores. Somos nosotros los idiotas dispuestos a querer a alguien más por encima de nuestra propia salud mental. No es amor sino capricho lo que nos obliga a permanecer en circunstancias adversas cuando el premio no vale ni la inversión inicial.
Así que yo digo, valórate y busca alguien que merezca tu afecto y total entrega. Piensa que la gente que te quiere es la que está contigo un domingo de cruda. No veas señales de humo cuando no existe un fuego que las provoque. Entérate que vales la pena por quien eres con la ropa puesta. No finjas que no sabes lo que te hace daño y no te conformes con un te amo lleno de alcohol y mentira. Decir basta no es cerrarte a la posibilidad de encontrar el amor sino darte tu lugar en la fila de espera. Busca tu satisfacción y comparte tu vida con alguien dispuesto a vivirla contigo. Después de todo, contra todo pronóstico, la tormenta pasa y reconstruimos lo perdido para volver a empezar.
martes, 10 de marzo de 2009
Sexperimenta
Hay cualquier cantidad de tabúes acerca del acto sexual. Las connotaciones que nos enseñan desde pequeños son negativas y sucias. Sin embargo, el sexo nos acerca más a alguien, y fuera de otra cosa, nos acerca a la vida o al menos, a sentirnos vivos. El sexo puede ser un deporte o la mejor manera de demostrar amor pero como quiera que sea, nunca puede ser sólo sexo. Explorar y conocer nuestra sexualidad es una forma básica de conocer lo que somos. Bien dicen que la gente es en la cama como es en la vida. Por lo tanto, no puedo evitar el preguntarme ¿hacer el amor es forjar la vida?
La vida y sus actividades están repletas de sexo. De acuerdo con Freud todo se relaciona con el sexo. La experimentación se ha vuelto mucho más fácil, conseguir a alguien dispuesto a ser kinky resulta sencillo con la actitud y la retórica correcta. Entonces, ¿por qué una vida sexual activa es tan socialmente condenada? Seas hombre o mujer el tener múltiples parejas en la intimidad se vuelve un chisme en la plática de lenguas envidiosas. Es entonces donde el sexo se vuelve un secreto a voces. La vulnerabilidad con la que nos presentamos en el momento del encuentro es un reflejo del alma. Estamos expuestos a la crítica de ojos muy atentos. Quizá por sentimiento o por mera atracción llegamos a la cama con alguien y vamos descubriendo con novedad o previo conocimiento los puntos más sensibles de otra persona. La conexión instantánea revela la química favorable o una mala reacción, pero como sea existe un vínculo que nos hace sentir la fusión de cuerpos y eso se vuelve parte de nuestra historia. Es precisamente nuestra historia la que define nuestra sexualidad y la forma de compartirla. Las enseñanzas de la niñez y las pruebas de la adolescencia van formando nuestra personalidad sexual. Quiénes somos y qué hacemos es un reflejo directo de nuestra historia y por lo tanto de nuestra sexualidad. La decisión de acostarse con alguien va resultando mucho más simple con la experiencia, pero hay un problema. Mientras más experimentas más complicado se vuelve definir los gustos verdaderos y libres de culpa.
El sexo y sus diversas actividades siempre llevan intrínseco el placer -a excepción de algunas ocasiones fatales-. Ni los deportes extremos logran hacernos sentir tan vivos como un buen orgasmo. La cercanía, el calor y la intimidad con alguien revelan un arrebato de vida. El corazón late más fuerte, la respiración se agita y el cuerpo responde ante otro. Pero cuando todo termina y la sobriedad regresa en la mente afloran cualquier cantidad de ideas. Puedes sentirte completamente satisfecho, terriblemente solo o asquerosamente culpable. Es aquí donde el sexo se vuelve un misterio. Si el sexo fuera deporte me queda claro que todos seríamos atletas de alto rendimiento. Si tuviera un fin único de procreación muy probablemente habría menos habitantes en el planeta. Pero es mucho más, es una combinación de entrega y egoísmo. Lo hago por mi placer pero estoy dando todo de mi. La forma en la que nos acerca con alguien es inexplicable. Las barreras se caen y la fusión es inevitable.
El sexo y su presencia en nuestra historia define mucho de la forma en la que nos ven los demás. Ser gay, ser puta, ser célibe se vuelve una etiqueta y un estereotipo. Pero sea cual sea la forma en la que la vivimos, nuestra sexualidad permea al resto de las áreas de nuestra personalidad. El afecto y la conexión que logramos a través del sexo va formando relaciones que nos marcan para siempre. Fuera de todo tabú, el sexo es una mítica forma de expresarnos y la mejor forma de compartirnos. El simple hecho de tocar a alguien más, de sentir como replica ante nosotros es conocer a alguien en lo más íntimo que tiene. Dejar afuera los limitantes y entregarte al momento nos da la posibilidad de experimentar todo lo que somos capaces de ser: dulces, inocentes, violentos, locos o salvajes.
No estoy alabando la promiscuidad pero no condeno la experimentación. Vivimos llenos de ideas negativas y torturantes que amenazan el placer sexual. Así que yo digo, quiere tu cuerpo y comparte sus posibilidades. No te limites por las buenas costumbres ni permitas que alguien te haga sentir mal por lo que haces en la cama. Conócete y descubre qué te hace sentir bien contigo y los límites que te protegen del atisbo. Guarda lo que eres para la persona indicada pero no te sientas culpable por un buen acostón casual. Diviértete y se libre. No podrás estar más cerca de alguien que desnudo cuerpo a cuerpo. Vive tu sexualidad responsablemente pero no te conduzcas por los regímenes sociales. Cuando en verdad logres hacer el amor, no te detengas, muerde, rasguña y grita. Después de todo cuando se cae la ropa, se caen los muros que te separan, se van los miedos y tenemos la maravillosa posibilidad de vivir en alguien más.
