domingo, 14 de agosto de 2011

Crazy in love

domingo, 14 de agosto de 2011

Hoy tengo roto el corazón. No es una herida reciente y pensé que estaba completamente cerrada. Claramente me equivoqué. Hay personas que te marcan, te cambian y transforman tu vida. Son hitos, serán por siempre parte de tus historias. Capítulos claves para entender tú libro. Cuando se van, ya no eres el mismo. No entiendo la razón del duelo. No entiendo cómo puede doler tanto… Cuando te quitan una muela o un tumor te recuperas. Pasa un tiempo y tu cuerpo no resiente sino agradece no tener la fuente del daño. Hoy más que nunca no puedo evitar el preguntarme, ¿cuánto es el tiempo de recuperación post- perdidamente enamorado?





Si bien es cierto que racionalizar las relaciones es muy necesario, también es cierto que a veces el corazón no lo permite. No me gusta hacer juicios de valor. Sin embargo, por falta de una mejor palabra deberé utilizar el término. ¿Cómo puedes querer algo “malo” para ti? ¿Estoy mal de la cabeza por extrañar una relación tan costosa? Un amigo alguna vez me aconsejó utilizar la métrica financiera para las relaciones personales. Costo, riesgo, beneficio.



Cuánto te cuesta estar con una persona es frecuentemente el precio de la relación. No digo que deba ser fácil, pero si debe darse natural. Si el costo es muy elevado, si la tensión es extensa y la comunicación flaquea, aguas. El riesgo suele ser alto. Estas entregando el corazón. Si la inversión no sale a tu favor va a doler. Es necesario evaluar cuánto. ¿Cuánto me dueles? ¿Cuánto te amo? ¿Cuánto me quieres?



Donde debemos ser más objetivos es en el beneficio. ¡Hijo! Nos encanta endulzarnos la boca presumiendo qué tan felices somos en nuestra relación. Volvemos los detalles más insignificantes grandes hazañas, cuando lo más probable es que sea lo mínimo que puedes esperar de una pareja. Queremos, buscamos razones. Razones para amarte, razones para quedarme. Abrir los ojos es difícil. Realmente, ¿qué tan rentable es tu relación? Si ni siquiera debes preguntarlo creo que hay dos opciones: o estás en una relación sólida y estable (qué gusto) o te estás mintiendo.



Pensemos en el peor escenario posible. Estoy justo ahí… mi última relación fue carísima. El riesgo era asombroso y los beneficios una maravilla. Fui, por un tiempo, estúpidamente feliz. Pensaba que no podía alcanzar esa clase de felicidad solo. Creía firmemente que todo es más cuando se comparte. Cuando acabamos me rompí. Habíamos terminado otras veces antes. Ésta vez fue tan diferente. Lo entendí con una claridad sorprendente. No éramos uno para el otro. El amor no sostiene una relación y en esencia había mucha distancia. No lloré, sufrí de manera razonable, no hubo drama ni volaron electrodomésticos. Todo fue sorprendentemente civilizado. Seguí con mi vida. Empecé nuevos proyectos. Retome relaciones amistosas. Regresé a la fiesta (que siempre ayuda) y me sentía tranquilo. Ahora, de unos días a la fecha, me duele. Lo extraño.



Hace un par de semanas me di cuenta que era muy feliz. Cuánticamente igual a cuando estábamos juntos. ¡Lo logré! Logré ser así de feliz solo. Por primera vez en mi vida no me obsesionaba buscando o esperando una relación y mi soltería y yo la estábamos pasando bomba. ¿Qué falló? ¿Cómo regresé a “me dueles” y “te extraño”? ¡Es una mala relación! ¿Por qué sigo roto?



¿Soy adicto al dolor? Me declaro un drama junkie pero caray, esto sí es un abuso. Me obsesiono y me lastimo solo. Ya no necesito alguien externo. Me estoy enloqueciendo yo solito. El tiempo de recuperación va muy ligado a la capacidad de soltar. De entender que a veces se ama, se aprende y se deja ir. Soltar implica amar. Pero más importante, implica amarse. No estoy roto, estoy tarado. Tengo unas ganas locas de soltarme y volar. Cuando empecé a escribir éstas líneas no lo sabía.



Perderte siempre será un momento triste. Me quedo mejor con las enseñanzas. Me quedo con lo que aprendí, a amar y ser amado. Me quedo con tu sonrisa.



El amor cuando es sincero dura por siempre. Pero gracias al cielo el enamoramiento no. Hoy no estoy enamorado, estoy un poco dolido y en busca de soltar tu recuerdo en la oscuridad y viajar en una estrella.



Quizá hoy no tengo todas las respuestas. No sé cuánto tiempo debe pasar para sanar o la fórmula para recuperarse. Lo que sí puedo asegurar es que siempre es posible. Y hoy estoy un poco más cerca de volverlo pasado y terminar el terrible proceso de rehabilitación.


miércoles, 23 de junio de 2010

Flower daisy

miércoles, 23 de junio de 2010

Qué haces si la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida te ama y su manera de amar te lastima. Cuando escuchar un “te amo” de su parte te hace llorar en lugar de sonreír. De dónde vienen las lágrimas. Dónde fue el amor. No puedo evitar el preguntarme, ¿cómo amar sin ser amado?

Hace un par de días platicando con una amiga sobre el tema, me dijo que yo no estaba perdiendo nada. Que si era yo el que se emocionaba con un beso, el que sentía mariposas y toda una fauna de insectos voladores en el estómago, el que tenía la mirada rosa, el verdadero enamorado, entonces podía sentirme satisfecho. Yo llevaba la mejor parte a cuestas. Yo era el enamorado, the blessed one. Los sentimientos ajenos son tan incontrolables como el fuego. Puedes iniciarlo pero nunca sabes si crece, se apaga por falta de oxígeno, disminuye la flama o se esparce hacia otros campos. Lo único que puedes hacer es intentar alimentarlo. Quizá el punto de amar no es recibir sino dar. El amor es tan capaz de cambiar nuestra perspectiva como la muerte. No existe lógica o motivo. No hay explicación ni ciencia exacta. Sólo existen dos. Dos individuos combinados, dos corazones, dos mentes y dos cuerpos. Dos. Atribuimos inmesurable importancia a las opinones externas. Volvemos la relación de dos a siete, nueve o quince. Si hay problemas hay amigos, hay consejos, hay teorías y toda la especulación genera en nosotros una incertidumbre: ¿en verdad me ama? ¡Cómo carajos pretendemos que el tres responda a la suma de dos! Amar sin ser amado es tortuoso, impensable y sin embargo el amor no correspondido es probablemente el más común. Infinidad de canciones han sido escritas en su nombre.

Lo peor del caso es que no importa quien te diga que te estás partiendo la madre, no escuchas. Los consejos te hacen pensar y creer que reflexionas y entiendes pero no es cierto. Mientes. Mientes cuando dices que entiendes sólo para que dejen de hablar. Mientes cuando dices “ahora sí no regreso”, mientes porque no lo sientes. No lo sabes y cómo ibas a saberlo. Estas ahogado en el sentimiento. A pesar de no ser correspondido te niegas a creerlo. Y puede que tengas razón. El amor es el sentimiento más grande que existe. Bien decía Saramago (Q.E.P.D), “nuestra única defensa contra la muerte es el amor”. Lo que probablemente olvidó mencionar es que el amor tiene más colores que el arcoiris, tiene más emociones que una tienda de videos y más caminos que pisadas. El amor se vive de forma diferente en cada quien. El problema con el que se topan muchas relaciones es la expectativa. Esperamos que la otra persona nos ame de la forma en la que nosotros queremos, como nosotros amamos. No hay manera. El amor por su naturaleza de ideal se manifiesta y se mortaliza en especifico en cada persona. Es como el agua puede parecer igual y aún así cada gota es diferente. Puede ser frío como el hielo o impulsarnos como el vapor. Puede estar sucio o ser de sabores, pero sigue siendo amor.

Ahora bien, tenemos los consejos, tenemos el conocimiento particular, tenemos el sentimiento especifico, ¿qué falta? … La razón. Darte cuenta si tienes un amor correspondido no es fácil. La ideas, los ideales, la imágenes, la esperanza, la inseguridad, pueden ser distractores tan grandes como el chupacabras. En el fondo todos sabíamos que era mentira pero nadie quería pensar que la crisis era cierta. Nos aferramos tanto a lo bueno que lo menos malo pasa desapercibido. Nos preocupamos por la forma y no por el fondo. Buscamos pretextos y justificaciones que nos hagan creer que los esfuerzos valen la pena. Mentiría al decir que con mi vasta experiencia en relaciones conflictivas hoy tengo la certeza para identificar el amor verdadero de la piratería. Sin embargo puedo ofrecer un consejo. Cree. Cree en ti mismo, en lo que sientes y piensas. Cree en lo que sabes como cierto y distingue la fantasía. Quizá te ama. Quizá no miente. Quizá no es para ti. Lo único que sé es que el amor existe. Transforma y te mueve hasta la médula. El amor del bueno, el amor verdadero es aquel que para ti es cierto. Es con el que puedes irte a dormir y despertar en la mañana. El que te llena hasta sentir que tu cuerpo no puede contenerlo. El que te vuelve tan cursi como las películas y el que te destruye cuando se acaba. Me rehuso a creer que se ama sólo una vez, pero sé que sólo tiene que pasar una vez. Una persona, tan única y especial que haga que todo valga la pena. Si lo que tienes no es suficiente es muy valido seguir buscando. Es mejor una despedida a tiempo que un daño permanente. El riesgo es dejar de creer. La magia es seguir amando.

Así que yo digo, somos mucho más que lo que comemos, donde vivimos, en qué trabajamos. Somos lo que amamos. Sal al mundo con convicción. Entregate cuando lo sientas y vive toda la experiencia lo más intenso posible. A fin de cuentas sólo tú sabes si te ama o no. Las dos partes arriesgan lo mismo. La realidad es que el amor no puede compararse, medirse o comprenderse. Se siente. Se vive y se alimenta de momentos, de pasiones, de locura, de dolor y de esperanza. No se encuentra, sucede. Hace poco fui a una boda y en el momento del baile de los novios vi el amor de frente. Todos los presentes no pudimos más que identificarlo. Cuando el amor es verdadero es inconfundible.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Remanente

miércoles, 28 de octubre de 2009
Hoy me queda claro que no hay peor dolor que un corazón roto. Cuando la muerte llega, siempre viene acompañada de la resignación. No hay nada que se pueda hacer. Cuando un amor muere, lo único que lo acompaña es un dolor indescriptible. Podemos intentar recordar lo malo, podemos repasar la lista de razones por las cuales fue la mejor decisión terminar con la relación, pero cuando los sentimientos sobrepasan la razón, y la añoranza se apodera del cuerpo toda lógica pierde sentido. Todo el tiempo que pasamos juntos se repite en nuestra mente como si la vida no fuera más que aquellos momentos. Perdemos el sentido y la sonrisa. Nos volvemos entes vacíos de brillo y juramos que jamás volveremos a ser así de felices. No puedo evitar el preguntarme ¿cuánto de nosotros se muere con el fin de un amor?

Si bien es cierto que el amor no muere, el dejar ir al ser amado podría ser un aproximado a la muerte del sentimiento. Todos los planes a futuro se ven súbitamente truncados como si de repente quedásemos paralíticos. No podemos movernos, no hay manera de respirar naturalmente y la vida parece que se nos va. Retomamos nuestra rutina sintiéndonos un poco menos felices, mucho menos brillantes y nada esperanzados. El día puede ser perfecto y soleado y aun así parece gris y sin emociones. Intentamos olvidar y dejar atrás el sentimiento que nos atormenta. Platicamos sobre el tema hasta hartar a nuestros amigos. Podemos hacer uso de algunos vicios para entumir el cuerpo y el entendimiento pero la cruda realidad llega irremediablemente, estamos solos. De nuevo solos. Todas las ideas y la certeza de haber encontrado finalmente a la persona que te hacía sentir completo se vienen abajo como castillos de arena golpeados por una ola. Todo el amor pierde dirección y sin tener quien lo reciba se queda dentro de nosotros volviéndose un tumor que parece terminal pero no nos mata. Partes de nosotros quedan mutiladas ante la terrible ruptura. La otra parte se queda con la sonrisa y el encanto mientras tu te quedas con el llanto y la desolación. Evitas lugares que puedan recordarte lo feliz que fuiste y te sientes estúpido al darte cuenta que no sólo lo recuerdas de cualquier manera, sino que por algún tiempo fuiste lo suficientemente idiota como para creer que podías ser tan feliz para siempre. ¿Cuál era el poder de la otra parte? ¿Cómo era posible que nos hiciera sentir así?

La química dice, que el amor es una reacción en el cerebro que lo obliga a segregar adrenalina, además de activar descargas eléctricas y mezclar hormonas. El cuerpo no nos está diciendo ¡adelante! sino ¡cuidado! Como sea ignoramos el llamado de la razón por la avalancha de sentimientos mágicos y maravillosos que nos ofrece el estar enamorados. La otra persona se vuelve parte de nosotros y no podemos creer que pasamos tanto tiempo sin ella. Buscamos incansablemente hasta llegar al momento del "te amo". Somos entonces nosotros los que otorgamos al otro el poder de lastimarnos. Somos nosotros los que decidimos y reaccionamos. Los que olvidamos el "yo" por el "nosotros", y los que cuando el "nosotros" se acaba no podemos más que intentar sanar al "yo". La otra parte puede tener millones de defectos de los cuales, claro está, estamos tan enamorados que no podemos verlos. No importa quién tuvo la culpa, el punto es que somos miserables. Apostamos todo y lo perdimos.

Poco a poco, conforme pasan los interminables días, vamos sanando. Nos sentimos cómodos con nuestra solitaria vida. Buscamos actividades que nos obliguen, aunque sea por un instante, a olvidar su cara. Poco a poco renacemos. Despertamos en la sala de urgencias de un hospital y vemos los daños. Ya no duele pero siempre vas a recordarlo. ¿Cuánto de nosotros perdimos? Todo, dimos todo y hoy no queda nada. Nunca volverás a ser el mismo. Nunca volverás a amar de esa manera ni a sonreír de igual forma. No eres la misma persona. Nunca serás quien fuiste con alguien como serás en la siguiente relación, y eso, eso es por lo que todo valió la pena. Aprendiste, reíste, lloraste, amaste. Quizá no fue el amor de tu vida, quizá sí y aun no lo sabes. La vida da tantas vueltas que -aunque suene trillado- lo que es tuyo regresa. Ahora eres una nueva persona, llena de nuevos sentimientos, nuevas sonrisas y nuevas alegrías. Volveremos a enamorarnos y a darnos en la madre. Porque aunque duela, el amor es así. Se mide en dolor. Cuánto amas es cuánto estás dispuesto a soportar. No es quedarse con lo malo, simplemente es el precio que se paga por lo bueno. Y lo bueno, vaya que vale la pena. Así que yo digo, levántate de la cama, arréglate como nunca, sal con tus amigos y vive la vida. Busca un trabajo que te llene y encuentra hobbies. Olvídate del helado y ponte a hacer ejercicio. Disfruta del sufrimiento mientras dure pues es parte de haber amado. Verás que algún día, por más lejano que parezca, retomarás las riendas y volverás a amar.






martes, 9 de junio de 2009

Adelante

martes, 9 de junio de 2009
Hoy fue un día de mucho aprendizaje. Aprendí sobre la vida de los grandes. Cuando sea grande quiero ser publicista. Crear, inventar sueños. No podría decir que fue un mal día pues tengo una sonrisa en los labios justo antes de dormir. Me di cuenta que la escuela y todos esos años en las aulas fueron experiencias maravillosas en ocasiones y fatales en otras, que al mundo laboral le importan poco. A mi me dejaron grandes amigos, buenos momentos y un montón de fotografías. Ya no volveré a sentarme en un pupitre y estoy en busca de un escritorio. En el camino de la vida no puedo evitar el preguntarme, ¿cuándo eres grande?

A pesar de todo lo vivido tengo un alma nueva. Quiero aprender a caminar por el mundo, a crecer y algún día ser grande. Evidentemente no soy un niño pero aun así me queda mucha inocencia. Me sorprende la capacidad que tengo de aprender. No hay maestros ni calificaciones. No hay respuestas correctas ni palomitas rojas en los aciertos. Hay experiencias, frustraciones y logros. La vida está llena errores y quizá sean ellos lo mejor que alguien pueda pedir. Las opciones y las decisiones se abren frente a mi. Confusión sin duda. Ahora es momento de experimentar. Voy tropezando sin control, me caigo y me levanta la motivación por crecer, por crear y por vivir. Me siento impaciente por el futuro. Quiero que todo suceda en un instante. No quiero saborear sino atragantarme pero ni modo, a pequeños mordiscos me acabaré el mundo en su momento. 

Vine al mundo para ser grande como todos. Para evolucionar en una vida tan corta que probablemente no será suficiente para todo lo que quiero hacer, pero no por eso pretendo dejar de intentar. Me encuentro cometiendo todos los errores posibles y quiero aprender a dar lo mejor de mi. A no fallar de la misma manera. Nunca pensé que la incertidumbre resultara tan divertida. Siempre tomé el camino seguro, aquel que me diera la certeza de ganar. Ahora me doy cuenta que quiero tomar el otro, arriesgarme a la frustración de que las cosas no salgan como esperaba y ver como improviso para salir del problema. Creo que los grandes son aquellos responsables de si mismos. Los que no se olvidan que se puede jugar a cualquier edad. Los que crecen con experiencias y no con años. Los que nunca se hacen viejos. Eres grande cuando tomas como jardín de juegos al mundo entero. 

La vida es un tiempo en el espacio que muere y renace constantemente. Los finales son inicios de ciclos espirales, uno te lleva al otro. Se mezclan y se separan por las circunstancias y uno sólo puede navegar agarrando fuerte el timón para no perder el rumbo. La brújula es el deseo, el deseo por llegar a las estrellas, por dibujar constelaciones. Quiero ser grande porque quiero vivir. Y sin darme cuenta estaré pronto caminando entre gigantes. De eso estoy seguro.

miércoles, 29 de abril de 2009

Chic Flick

miércoles, 29 de abril de 2009

Cuando pensamos en relaciones amorosas es inevitable recordar las imágenes de la pantalla grande. Han sido Hollywood o Disney los responsables de que el común denominador de la gente busque fantasías imposibles en realidades sentimentales. No digo que la magia proyectada en el cine no pueda vivirse o que existan historias reales que superen a la ficción, pero matener una relación cuesta mucho esfuerzo. La mayoría de los conflictos no se superan simplemente queriéndo o amando, no encontramos a los malos de la historia por la voz de una ardilla, ni habrá una tormenta tropical en nuestras vacaciones de verano que nos obligue a conocer el verdadero amor. No hay mucha gente dispuesta a hacer lo necesario para que la relación continúe, todos esperamos un cuento de hadas pero cuando las cosas se complican un poco apagamos la tele. No puedo evitar el preguntarme, cuando de relaciones se trata ¿cómo hacer que funcionen?

 

Es cierto, las relaciones amorosas son quizá las más difíciles de lograr. Por principio de cuentas encontrar a alguien que valga la pena es una labor ardua y lleva por lo general mucho tiempo. La parte más fácil es quizá enamorarse, el enamoramiento nos encanta. Los primeros meses, las primeras salidas, el primer beso y todo lo demás resulta genuinamente emocionante. Unas cuantas citas y descubres detalles de la otra personalidad que no te gustan y se acabó, una raya más al tigre. Si las cosas prosperan y el enamoramiento va dando paso al amor hay dos opciones, o sales corriendo muerto de pánico por el compromiso venidero o entras con todo a una nueva relación. Ambas opciones son válidas y deben ser consideradas dependiendo de las disposición personal. Si no estás listo para una nueva relación, ni le muevas. No tiene sentido perder el tiempo y lastimar a alguien. Si por el contrario tienes la certeza de querer vivir en dos, entonces éntrale con todo. No hay miedos ni rencores pasados.

 

Sigues conociendo a la persona, adaptando tu vida y tus necesidades a su vida y sus carencias. ¿Qué hacer entonces? No te detengas, saca tu verdadera personalidad desde el principio. Así después no habrá tantos malos entendidos. Pretender que sus manías no te molestan sólo hará que el recurrimiento a las mismas te parezca insoportable y viceversa. Habla las cosas, negocia. Si no existe una comunicación real y sincera entre ambos la relación será insportable y muy probablemente muy corta. Después de un tiempo razonable y en acuerdo por ambos, llega el momento de conocer a los amigos. Si les cae bien y se llevan a toda madre, qué gusto. Si por el contrario todos juran que tu pareja es un hongo, ostra, mueble o sencillamente insoportable, sigue intentando. No hagas caso a lo que todos te digan, si estás con alguien es por que tu así lo decidiste. Nunca le vas a dar gusto a toda la gente, el punto es ser feliz con quien lo decidas. Si las amistades son verdaderas permanecen y hacen su mejor intento. Busca razones para enamorarte. Ese famoso bolero que dice “yo para querer, no necesito una razón, me sobra mucho, pero mucho, corazón” miente. Para que todo funcione debes estar por completo seguro y convencido de que estás enamorado. Encuentra esos detalles, esos momentos, esas razones por las cuales compartir tu vida, tu tiempo y tu corazón con esa persona en específico vale la pena.

 

Los problemas y conflictos cotidianos se irán resolviendo poco a poco. Sin embargo, habrá momentos cruciales en los que la incertidumbre y la confusión tomarán tus pensamientos por sorpresa. Si algo muy desagradable se presenta al punto de hacerte querer mandar todo al diablo, piénsalo bien. No se vale tronar y regresar cada fin de semana. Evalúa tu relación de la forma más fría posible. Dale oportunidad a la lógica, al sentimiento y a la contraparte de exponer sus puntos. Es cuestión de dos. Si has sido el culpable, pide disculpas, olvídate del orgullo y trata de enmendar el error. Si por el contrario, tu no has hecho nada malo, no te pongas en plan de víctima ni verdúgo. Una relación no es un juicio donde expongas y castigues al agresor sino un ambiente abierto al diálogo. Si logran superarlo es muy posible que la relación se vuelva mucho más fuerte, pero ojo, si el comportamiento se repite y no se corrige, cuidado. Puedes estar sacrificando más de ti de lo que valdría la pena.

 

Ahora sí, es tiempo de la fantasía. Se creativo en demostrar lo que sientes. Has de cada día una experiencia. Estoy seguro que cuando se acaba el romance, cuando dejas de enamorar al otro, es cuando ya no vale la pena. Así que yo digo, actúa tus partes favoritas de las películas, inventa, improvisa y déjate llevar por el momento. No olvides la pasión y la aventura. Enamórate perdidamente y pierde el aliento. No hay nada mejor que caer en el amor si alguien está ahí para cacharte. Quién sabe, quizá de la manera más inimaginable, serás el protagonista de la mejor película. Una filmada en tiempo real y sin guión.

martes, 14 de abril de 2009

De la voz

martes, 14 de abril de 2009
De la nostalgia han nacido muchos pensamientos que llenan mi cabeza últimamente. Me siento muy libre, tan libre como cuando corría por el jardín de mi casa a los seis años. La vida sin duda en la niñez es mucho más simple. Los niños creen en fantasías, juegan con lo que sea y sobre todo dicen la verdad compulsivamente. Mientras vamos creciendo encapsulamos los pensamientos y los sentimientos. Nos transformamos de transparentes a opacos quizá sin intención pero como sea articular aquello que nos mueve se vuelve muy complejo. Definitivamente sentimos y pensamos pero no expresamos, no lloramos cuando algo nos duele ni reímos sin parar por tonterías. Vivimos estoicos e inexpresivos, sin embargo hay un niño muy adentro que siente de la misma forma y con la misma intensidad por siempre. El miedo al rechazo, a la burla y al dolor nos impide seguir inocentes. Ocultamos con máscaras y eufemismos nuestras verdaderas intenciones y en el proceso perdemos la espontaneidad y la sencillez. Peleamos por la libertad de expresión pero dejamos pasar momentos clave para hacerlo. No puedo evitar el preguntarme ¿si la vida es tiempo limitado, por qué lo perdemos callando? 

Si bien es cierto que decir la verdad sin procesarla puede resultar caótico, también es cierto que no expresarnos causa una frustración extrema. Decir te amo, me duele, tengo miedo es volvernos vulnerables ante lo desconocido. Las reacciones de los demás involucrados nos paralizan. Mientras más sabe alguien de ti más daño puede hacerte pero eso no quiere decir que manteniendo todo en silencio no saldrás lastimado. A veces necesitas admitir lo que sientes para vivirlo. Cuando exponemos los secretos frente alguien más nos damos cuenta que en realidad no eran tan graves como para mantenerlos ocultos. Lo mismo pasa con los sentimientos inexpresados, cuando salen a la luz podemos cogerlos por completo o superarlos pero como sea dejan de atormentarnos. Para que una relación de cualquier índole funcione es necesario decirlo todo conforme va surgiendo. Guardarlo para después o mantenerlo en la oscuridad sólo causa duda en el otro y tortura autoinfringida. Pero, ¿cuál es la causa del silencio? ¿por qué no decir las cosas en su momento? Las razones varían de acuerdo a la circunstancia pero lo más común es el miedo. El miedo a la reacción, a herir al otro, a exponer nuestra verdadera personalidad. No cabe duda, las palabras son una herramienta de consuelo y de tortura, son la forma más habitual de conocer y proyectar. Parecen un simple conjunto de letras pero llevan consigo mucho más. Llevan de la mano la liberación del espíritu. Expresar lo que eres te hará vivir sin cargas innecesarias. 

Así que yo digo, ¡grita! habla con el corazón y expresa lo que sientes en el momento preciso. Escucha con atención y vive libre de secretos. No pasa nada, di lo que sientes y piensas como lo hacías en el kinder. Habla y exprésate como lo sientas, no tengas miedo a lo que pase después sino a perder lo que quieres por no pedirlo. Lo que piensas y sientes vale la pena y merece ser escuchado. Después de todo los héroes nacen cuando exponen lo que son al mundo así que demuestra lo que eres y se coherente con lo que dices. Habla, lo que sientes y piensas puede ser justo lo que alguien necesita escuchar. 

martes, 7 de abril de 2009

Inconsecuente

martes, 7 de abril de 2009
Siempre he pensado que tengo un alma aventurera con una mente demasiado racional. La combinación de los factores me vuelve muy obsesivo pues vivo circulando ideas que no siempre realizo, ya que mientras lo pienso el momento pasa. Sin embargo creo que algo en mí está cambiando, el miedo por las consecuencias de mis actos se evapora y me vuelvo más creyente del destino. No creo que el destino sea un camino determinado hacia un fin obligado, sino mas bien un afortunado encuentro con las oportunidades que nos corresponden. La elección de tomarlas o no esculpe nuestra historia, por lo que no puedo evitar el preguntarme ¿el destino es la consecuencia de la vida?

Las enseñanzas más comunes redundan en lo debido, lo correcto, lo políticamente apropiado, pero aquellas que genuinamente nos marcan son las que adoptamos como nuestras después de romper esquemas y abrirnos a las posibilidades. Pensamos lo que va a suceder cuando deberíamos estar disfrutando lo que está pasando. Las consecuencias son inevitables pero no inmediatas, lo inmediato es lo que marca el segundero del reloj. Disfrutar la vida resulta muy sencillo cuando te dejas llevar por el momento. La responsabilidad se define al ser capaz de dar respuesta por tus actos y no hay mejor respuesta que "lo hice porque fue lo mejor para mí". Si no eres un sociópata o delincuente y genuinamente lo crees como cierto habrá pocos argumentos que puedan borrarte la sonrisa. Enredarte en busca de respuestas por algo que aún no sucede sólo te nubla la mente y acabas seco de ideas y vacío de buenos momentos. El destino tiene su irónica manera de resolver los conflictos. Los límites de la vida, al contrario de los límites matemáticos, no tienen una fórmula definida para encontrarlos. Lo único que puedes hacer es uso del método empírico y experimentar de acuerdo a tu naturaleza. ¡Deja de analizar y vive! Sabrás cual es la respuesta correcta en el momento adecuado. 

La sociedad tiende a etiquetarlo todo. Naco, gay, puta, loco, idiota, brillante y la peor de todas pero la más común: normal. ¿Qué carajos es normal? ¿Quién lo decide? No juzgo a aquellos individuos que se definen como "normales" pero en serio me preocupan. Son ellos los que nos enseñan la temible angustia por las consecuencias. Son los que frenan el flujo de la historia y terminan siendo un obstáculo para la creatividad. Las consecuencias son una reacción, imposible sin acción, así que antes de preocuparte por las consecuencias actúa y, bien dicho sea de paso, disfruta. En cuanto al destino se refiere, aprovecha las oportunidades como se vayan presentando y adecúalas a tu plan de vida. No hay peor arrepentimiento que el que surge por lo que no hiciste. Por mi parte estoy cansado del estrés por el futuro y estoy decidido a vivir sin temor a que me hieran. Después de todo si hay algo que nunca he sido es normal. Viviré mi aventura, seré fiel a lo que siento y no dejaré que el miedo me paralice. Estoy seguro de que el mar tiene la capacidad de llevarse todo aquello que duele y limpiar el alma para re inventarte y volver a empezar. Pero si no puedes ir al mar, usa la regadera, la tina o la manguera y límpiate. Filtra tu espíritu de consecuencias y déjate llevar por el destino. Bien dice el dicho "lo bailado nadie te lo quita".